lunes, 8 de diciembre de 2014

Lo que no sabías de la “insumergible” Molly Brown

Margaret Brown

Margaret Brown fue una mujer estadounidense, caritativa y agitadora social, defensora del indefenso. Sus orígenes fueron humildes, lo que le llevó a viajar a Colorado en busca de su propia fortuna al cumplir los 18 años. Allí conoció al que fue su esposo, James Brown.
James Joseph Brown,
marido de Margaret Brown

Su marido encontró oro en alguna mina de Colorado y tras el hallazgo se convirtieron en millonarios, impulsándoles a pertenecer a la clase social más distinguida de la época. Margaret Brown se dedicó, muy especialmente, a los más desfavorecidos. Entre éstos se encontraban los mineros de Colorado y los derechos de las mujeres y los niños. Viajó por todo el mundo y, muy frecuentemente, a Francia, un país del que se enamoró para siempre hasta el punto, de mudarse allí precipitadamente cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Durante su vida realizó varios actos de valentía curando soldados heridos. También se dedicó a su gran pasión, el teatro.

El 24 de enero de 1912, Margaret Brown, tras separarse de su marido, sube a bordo del Olympic para viajar a Europa, pues su hija estudiaba en Francia. Realizó un viaje por Egipto con su hija, durante el cual coincidió con el Señor Jhon Jacob Astor y su joven esposa Madeleine, disfrutaban de su luna de miel y le hablaron a Margaret del viaje inaugural del lujoso transatlántico RMS Titanic. Decidió entonces volver a Nueva York en el gran buque del que todo el mundo decía maravillas.

Durante su visita a Egipto, Margaret visitó a una vidente que le advirtió del peligro al que se expondría si subía a bordo del Titanic, embarcó en el Titanic pero compró un talismán que, supuso, le traería suerte. El 10 de abril de 1912, embarcó en el Titanic con su extenso equipaje, entre el cual se podía encontrar tres cajas de antigüedades que iban destinadas al Museo de Arte de Denver.

Jhon Jacob Astor
A bordo del Titanic, Margaret reconoció a varias personas, las cuales ya no eran unas desconocidas para ella, pues había navegado junto a ellos tres meses atrás en el Olympic, como son el capitán Smith y la camarera Violeta Jessop. Durante los cuatro días que duró la travesía, Margaret Brown tuvo el gran placer de disfrutar de las más lujosas comodidades de la primera clase. Allí se codeó con los personajes más distinguidos de la época: J.J. Astor, el hombre más rico del barco; Benjamín Guggenheim, capitalista del cobre; Charles Melville Hays, rico gracias a los ferrocarriles d
e Estados Unidos y el hacendado Edmund Duff Gordon y su esposa, la cual era modista de la aristocracia.

Sir Cosmo Duff Gordon y Lady
Duff Gordon

A las 23:40 del 14 de abril de 1912, Margaret Brown se encontraba leyendo en su camarote, distraída por la lectura, apenas sintió el choque pero salió de su camarote cuando oyó los ruidos que provenían del interior de la quilla del barco. En el pasillo pudo ver a dos hombres en pijama discutiendo, por lo que volvió a su cama de nuevo. En cuanto abrió de nuevo el libro, James Robert McGough, el hombre que ocupaba el camarote de enfrente, llamó a su puerta para avisarla de que iban a subir al puente para saber qué estaba ocurriendo y que ella debería vestirse y estar preparada. Unos minutos más tarde, McGough vuelve al camarote de Margaret y le indicó que era conveniente buscar un chaleco salvavidas para ella. Margaret se vistió deprisa, abrió la caja fuerte y tomó 500 dólares, escondió su talismán en el fondo de su bolsillo y cogió el chaleco salvavidas. Dejó su camarote con varias pertenencias importantes y de gran valor, entre los que se encontraba un collar valorado en 352.000 dólares. Deprisa se dirigió a cubierta y ayudó a otras mujeres a evacuar el barco antes de subir al bote nº 6, el primero en bajar al agua alrededor de las 00:55.

El codicioso e insolente cabo Robert Hitchens estaba al mando del bote de salvamento y, en varias ocasiones, Margaret junto a otras mujeres de la embarcación, hicieron frente a su pésima labor, al negarse a volver a recoger a más personas del agua que aún cabían en el bote, en el cual había todavía espacio para 40 personas más, a pesar de la insitencia de Margaret y otras mujeres. Pero Hitchens alegaba que les harían zozobrar por la desesperación y volcarían el bote, arrastrándolos a todos a la muerte. Incluso, amenazó a Margaret Brown con tirarla por la borda si no se callaba. Margaret le recriminó que él no hacía nada mientras que las otras mujeres llevaban dos horas remando. Otra pasajera dijo que se había apoderado de mantas y botellas de alcohol para su uso exclusivo y personal.

Tal fueron las palabras descritas entre Margaret Brown y el cabo Hitchens que durante la comisión de Investigación por el naufragio del Titanic se pidió a Brown explicaciones sobre los hechos acontecidos en el bote, Margaret dijo: “Había un ser en nuestro bote al que no podría llamar hombre pues nada, excepto su ropa, me permitía calificarlo como tal, debido a su cobardía”.

Bote nº 6, en el cual se salvó Molly
Brown
Alrededor de las 4:30 Margaret y los pasajeros del bote nº 6 observaron una luz en el horizonte, Hitchens, de nuevo pesimista, dijo que no era un barco, que se trataba de una estrella y que no tuvieran la esperanza de que llegara un equipo de salvamento. No obstante, Frederick Fleet, el vigía que vio el iceberg, informó que no se trataba de una estrella, era el RMS Carpathia. Los botes de salvamento se encontraban esparcidos alrededor del naufragio cuando el Carpathia llegó al lugar, por lo que tardo un poco más de tiempo en rescatar a todos los ocupantes de los botes. El fatídico suplicio en el mar finalizó para el bote nº 6 a las 6:00 de la mañana, cuando abandonaron el bote de salvamento para embarcar en el Carpathia.


Una vez a bordo del Carpathia, Margaret Brown envió un telegrama a su hija y después sirvió de utilidad en el barco en varias ocasiones: ejerció como intérprete, pues hablaba alemán y francés, colaboró en la realización de las listas de supervivientes. Tal era el grado de humildad de Margaret Brown que, incluso, realizó a bordo del Carpathia una colecta entre los pasajeros rescatados de primera clase del Titanic y los embarcados en el Carpathia, en favor de los inmigrantes que habían perdido todo en el naufragio del Titanic y consiguió recaudar 10.000 dólares. Tras volver a Nueva York fue considerada una heroína. Margaret lamentó que por ser mujer no pudo testificar en la comisión de Investigación de Estados Unidos, por lo que publicó su versión de aquella noche en el “Herald Newport” en mayo de 1912.

RMS Carpathia

Margaret Brown entregando un premio al capitán
del Carpathia por su colaboración en el rescate del
Titanic
Tras el naufragio, Margaret Brown estuvo más tiempo del esperado en Nueva York para seguir ayudando a las víctimas del naufragio. También contribuyó en la creación del comité de supervivientes, de la cual fue presidenta. En una ocasión, durante una entrevista, declaro que no estuvo de acuerdo con la preferiencia de las mujeres a subir en los botes, pues éstas pedían igualdad de derechos en tierra, ¿por qué no en el mar?, al igual que decía que, en las circunstancias dadas la noche del hundimiento, las familias no deberían ser separadas.

Su popularidad como superviviente del naufragio más recordado de la historia le adjudicó reconocimiento social, debido a sus acciones humanitarias se publicaron diversos artículos sobre ella. Atendió principalmente a las mujeres de los huelguistas, colaboró en la huelga de mineros y se involucró en el sufragio femenino. En Francia, auxilió a soldados herid
os en la guerra.

Margaret Brown
Después de la muerte de su marido, surgieron problemas con sus hijos a causa de la herencia y Margaret Brown, la “insumergible” y fantástica Molly Brown, murió sola, a causa de un accidente cerebrovascular en 1932. Su autopsia confirmó la presencia de un gran tumor cerebral.

La mansión que Margaret poseía en Denver (Colorado) fue vendida tras su muerte a una nueva familia pero tras varias restauraciones y actualizaciones de la ciudad estuvo a punto de ser derrumbada. Actualmente es un museo dedicado a la vida de Margaret Brown, representa a la perfección una mansión victoriana de aquella época. El museo conserva algunas pertenencias de la familia Brown y se pueden observar cuadros con representaciones del naufragio del titanic.





Es curioso que hoy, Margaret Brown, sea mundialmente conocida como Molly Brown, en realidad durante su vida, nunca fue llamada con este nombre.